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EL RESPETO POR EL AUTOR EN LOS MEDIOS; TEATRO, RADIO, CINE y TELEVISIÓN

(Ponencia presentada en el Primer Congreso Argentino sobre Defensa de los Derechos Autorales)

  Por el Dr. Hugo Y. M. Malamud

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I

Tema por demás actual el del Congreso organizado por la SADE sobre la propiedad intelectual y que concita el interés general. Sobre todo en función al respeto por los derechos de autor en cine, radio, teatro y televisión.

Empero, en nuestra personal concepción creemos, para no quedar atrasados ni atrapados en el tiempo ni el espacio, que se debería agregar un nuevo ámbito: Internet.

II

Autor... ¿Quién es autor, cuáles son sus derechos, cómo debe ejercerlos, cómo debe hacerlos respetar?

Para la Real Academia Española (su diccionario se puede consultar en Internet: www.rae.es) en su 3º acepción, Autor es la persona que ha hecho una obra científica, literaria o artística. El autor es un artífice de textos, de música, de pinturas.

Existen en el universo, al alcance y a disposición de cualquier mortal, palabras, notas, silencios, líneas, colores, etc. Pero no cualquier mortal posee la facultad de combinarlos, de transformarlos en obras de arte, de devenir autor.

III 

Volviendo a la definición de la Real Academia, permítasenos una pequeña digresión. Existen palabras que por si solas conforman un mundo propio y exclusivo. En esa definición, la palabra persona es fundamental y trasciende todos los limites imaginables.

Persona es sinónimo de individuo. Cuando hablamos de persona nos referimos al hombre de carne y hueso, no a una impersonal corporación abstracta.

El autor es un hombre (o mujer) que vive, que siente la pasión de la creación, que es protagonista, que es padre de su obras. Esto hace a la extraordinaria diferencia entre nuestro derecho de autor -similar al francés droit d’auteur, al portugués direito de autor, al italiano diritto d áutore, al alemán Urheberrecht, y el anglosajón concepto de copyright, que privilegia la actividad empresarial. Por eso nos resistimos a que las personas jurídicas -en franca y abierta trasgresión al espíritu y a la letra de la ley 11.723- ingresen al campo de los derechos morales, como ya pretendían hacerlo los productores fonográficos.

Característica fundamental de la personalidad del autor es su falta de egoísmo; me refiero de modo especifico a que, concluida su elaboración intelectual, no la guarda para si bajo siete llaves si, en cambio, la pone al alcance de terceros que podrán tener la facultad de gozar de ella.

IV

Indiscutible correlato es el derecho de todo creador de una obra a ser identificado como su autor, derecho reconocido por los pueblos de habla hispana desde Felipe IV, cuando impusiera la obligatoriedad legal de hacer constar en las publicaciones el nombre del autor y el del impresor. Eso hace a la plena vigencia de sus derechos autorales.

El autor no sólo tiene derechos económicos que se traducen en la necesaria compensación, por el uso de su obra. También tiene los llamados derechos morales; exigían, por ejemplo, que su nombre figure cada vez que se reprodujere su obra, o no permitir su utilización cuando se intentare bastardearla.

V  

La vía natural es la edición de lo escrito. Empero, existen dificultades -acrecentadas con el transcurso del tiempo, como, por ejemplo, la globalización y la pauperización de la actividad editorial- que han obligado a la búsqueda de caminos alternativos para que el público pudiere acceder al conocimiento de su obra. No podemos olvidar a los juglares medioevales y a los trashumantes viajeros de la carreta de Tespis como factores de divulgación de la obra literaria.

Hoy la palabra ha sustituido a la letra, el texto escrito, por arte de alquimia, se ha trasmutado.

Lo impreso ha dado paso a lo oral, más aún a lo audiovisual.

VI

En el pasado siglo XX y en el actual XXI, un autor no puede resignarse a que su obra se exteriorice en arcaicos palimpsestos. Él  necesita de otras vías divulgadoras.

Esos caminos alternativos son -por orden de aparición-: el teatro (aunque éste de antigua data), la radio, el cine, la televisión, Internet. Pero transitar por esos caminos no es fácil. Peligros no siempre ignotos acechan al autor que se aventura a circular por aquellos.

Se hace necesario que el autor actúe en salvaguarda de sus derechos, que los haga respetar. ¿Como hacerlo? No siempre es fácil.

Debemos diferenciar los distintos medios, el teatro, la radio, el cine, la televisión, Internet...

VII 

El teatro constituye el ámbito ideal -sin considerar la obra editada- para que el autor vea reconocida su creación sin mayores inconvenientes.

Desde Shakespeare y Lope de Vega existe conciencia tomada y expreso reconocimiento que los actores deben estar al servicio del texto.

En el teatro no hay dudas sobre la valía y los derechos de los autores. ¿Quién osaría representar “Hamlet” o “Casa de Muñecas”, sin que en el programa de mano figure el nombre del autor?

VIII  

Así como el teatro conserva su propio vigor y lozanía, no ocurre lo mismo en lo referido al autor en el medio radial.

Antecedentes inmediatos de las telenovelas, de las audiciones humorísticas o de los programas de preguntas y respuestas, los encontramos en la radionovela, en los sketch’s cómicos y en el famoso “Odol, pregunta”.

En todos los casos la transmisión radial de esos programas se respetaba el derecho del autor y siempre se leía su nombre. Esto aun sucede con un programa al que podríamos llamar superviviente: “Las dos carátulas”, que trasmite Radio nacional.

IX

El cine presenta un panorama atípico. Fenómeno exclusivamente cinematográfico es el del denominado “cine de autor”. Por un lado, el director da vida al guión de un tercero y, de este modo, brinda su propia creación artística a partir de una obra intelectual preexistente (de paso señalamos lo arbitrario de la ley argentina, que no reconoce al director como co-autor de la obra cinematográfica). Por otro, nos encontramos con quienes (como, por ejemplo, el francés Jean Luc Goddar, de “Sin aliento” -entre los extranjeros- y Leonardo Favio,  de “Gatica” -entre nuestros compatriotas-) dirigen en base a sus propios guiones.

En uno u otro supuesto no surgen dudas sobre el reconocimiento y el respeto de los derechos autorales.

X 

Solución harto compleja y asaz diferente es la del autor en televisión.

Existen presiones subliminales contra las que resulta difícil luchar. Sobre todo porque nos encontramos con la falta de pruebas o con la reticencia a aportarlas por parte de quienes podían hacerlo.

Sabido es que, en materia de propiedad intelectual, las ideas no gozan de protección legal. Pero, ¿cuántas veces hemos visto en televisión que, precediendo a los créditos con el nombre de guionistas, se puede leer “sobre una idea original de X X”?

Esa mínima mención “sobre la idea original de X X” constituye, sin duda, el paso inicial para lograr insólita participación en el cobro de los pertinentes derechos. Porque una de dos, el autor acepta y se somete a las presiones, o se rebela contra semejante insinuación -para utilizar un lenguaje refinado- y, como inmediata consecuencia, se verá otro guionista.

Esto comporta total falta de respeto al derecho de autor. Porque no es necesaria mucha imaginación para reconocer, en cada caso particular, quién es X X y que participación tiene en la producción y ulterior televisación del programa.

Para graficar el problema podríamos señalar que el autor es el David que debería enfrentarse con Goliat, no siempre con posibilidades de reeditar el bíblico triunfo.

XI

Internet es la vía más moderna para que el autor haga conocer su creación. No sólo por la puesta en el medio de páginas propias para mantenerse en contacto con su público y divulgar su creación literaria, musical, pictórica o inclusive cinematográfica, sino además porque constituye un medio idóneo para la publicación de su obra. De modo especifico aludimos a la edición virtual de novelas, ensayos, cuentos, poesías, etc.

Hace pocos días fue noticia que la última obra de Ernesto Sabato se conoció por Internet con anterioridad a la edición de la versión escrita. Como dato ilustrativo, en cuanto al tratamiento de los derechos autorales en Internet, es dable referir ejemplos de los distintos sistemas legales a los que nos refiriéramos en el inicio de este trabajo.

En cuanto al droit d’auteur, cabe ludir al acuerdo celebrado en Francia entre entidades representativas de publicaciones periodísticas y de periodistas. En ese convenio se acordó que la reproducción en Internet de un trabajo publicado previamente en un medio gráfico merecía una retribución diferente.

En cuanto al sistema legal del copyright es de citar dos fallos dictados recientemente en Estados Unidos de Norte América. En el primero, la Corte Suprema reconoció (New York Co. Inc. v. Tasini) que la publicación de un artículo periodístico en un medio gráfico no comportaba el derecho de utilizarlo en la edición virtual del diario. En el segundo, un tribunal federal de Nueva York (Random House v. Roseta Books LLC) decidió que el contrato de edición celebrado con una editorial para la publicación de una obra literaria, a menos de contar con expreso acuerdo del autor, no comprendía el derecho de divulgación o comercialización por Internet.

XII

A modo de síntesis, el autor es, por antonomasia, una persona física. Su espíritu es el presupuesto básico y fundamental para crear el opus. El autor tiene a su alcance los medios legales para hacer respetar sus derechos morales sobre esa obra. Salvo, por supuesto, los conocidos e inevitables casos de infracción a la ley 11.723, se advierte en los medios un clima de respeto hacia los derechos morales del autor.

Al autor y, por sobre todo, a las sociedades que lo congregan, corresponde estar atentos y vigilantes para evitar cualquier trasgresión al respecto y, consiguientemente,  promover las acciones legales del caso.

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