Make your own free website on Tripod.com

Librerías de Viejo

por Mabel Pagano

_________________________

 

       La semana pasada decidí tomarme una tarde libre y, junto con una amiga que se asoció a la idea, pensamos que la mejor forma de emplearla era haciendo algo que desde mucho tiempo atrás no hacíamos, aturdidas por las obligaciones y los compromisos: caminar la Avenida Corrientes, desde Talcahuano hasta Callao, para revolver, como en los viejos tiempos, las fascinantes mesas de las librerías de viejo. Y allá fuimos, ilusionadas con la idea de reencontrar esos libros que no compramos en su momento o que prestamos y nunca más, iniciamos la travesía.

       Como suele sucedernos a los argentinos últimamente, cada vez que volvemos la cabeza hacia el pasado inmediato, nos vimos frente a una dolorosa verdad: en algún momento de distracción, también nos habían robado esos refugios. Nos dejaron a cambio enormes locales donde se apilan, como en supermercado, los libros que llegan en containers de España y la mayoría de cuyos autores nos son totalmente desconocidos. Hay otras librerías que, además de estos rezagos extranjeros, han incorporado bar y confitería, donde, a juzgar por los precios, el pensamiento fundante ha sido: "lo que no ganamos con la cultura, lo sacamos asaltando a quien toma un jugo o un café".

       Ante ese panorama desolador, nos preguntamos dónde habrán ido a parar las novelas de Syria Poletti, de Marta Lynch, de Silvina Bullrich, de Beatriz Guido, de Eduardo Mallea, de Haroldo Conti, de Antonio di Benedetto, de José Bianco, sólo por mencionar a unos pocos de nuestros grandes escritores.

       Para no sentirnos tan despojadas, tan huérfanas, nos despedimos con la promesa de no bajar los brazos, de seguir buscando, porque a algún lado se deben haber ido las librerías de viejo; tal vez se habrán mudado a calles menos importantes, más solitarias. Nos juramos mantenernos en alerta y, cuando demos con alguna, hacia allá iremos, buscando en nuestros libros de ayer, lo que fuimos alguna vez. Lo que nunca dejamos de ser.

Agosto del 2000.

_________________________

VOLVER A PÁGINA PRINCIPAL