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EL ESCRITOR Y LA ASTROLOGÍA

por Norma Palma de Sindona

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       Aunque el escritor sobresalga profesionalmente, no deja de ser un marginal, será siempre un ciudadano de dos mundos, su destino podrá ser oscuro o brillante, pero a menudo se sentirá un exiliado. En cambio será el residente con pleno derecho de una ciudadela interior construida con palabras, ideas proyectos extraños, ritmos, visiones, mensajes y sufrimientos.

       Pero mucho más difícil es para el que escribe sobre Astrología, a menos que caiga en horoscoperías y pronósticos para años venideros de dudosa exactitud, en cuyo caso tal vez hasta consiga ser rico y famoso. Pero cuando se escribe o se intenta escribir en serio acerca de esta reverenda madre de las ciencias que es la Astrología, la cosa cambia y, si nos atrevemos a hurgar en lo más profundo de la prehistoria, descubrimos que fue por cierto la primera religión que tuvo el hombre en su alborada cognoscitiva y que también fue la primera ciencia que abrazó aquel primitivo ser de las cavernas, cuando levantó su mirada a los cielos y contempló los extraños jeroglíficos que formaban las estrellas y marcó, por ejemplo, los pasos de la luna en el colmillo de un mamut. Intuyó que quizás su destino estaba bajo la influencia astral que emanaba de esos luminarias. Luego alguien se arrastró del fondo de sus grutas y tuvo que alzar la vista al cielo y copiar esas figuras que formaban los cuernos del carnero (Aries), la testuz de un toro (Tauro), la balanza de Libra y la cola del Escorpión, y así nació el arte que aquellos seres primitivos plasmaron en sus cuevas, grutas y cavernas.

       El cielo se transformó en la primera pizarra estelar, donde el hombre aprendió a dar sus primeros pasos hacia la religión, la ciencia y el arte, se paró en sus dos pies y se trasformó en el homo-sapiens que es hoy día.

       Desde entonces, todas esas generaciones de observantes del cielo se trasformaron en astrólogos. Los que estudiaron pergeñaron los destinos de cientos de naciones del orbe terrestre, pero todos esos seres que escribieron en prosa o en verso sus estudios astrológicos, desde los sumerios hasta los árabes, desde Akad hasta Inglaterra, todos ellos dieron los materiales para levantar castillos de naipes, para algunos no versados en Astrología; en otros casos, elevaron y alcanzaron solidez, así como el enigma de una pirámide o la solemnidad y religiosidad de una catedral. Así sus libros, sus escritos y sus formas perdurarán por siempre, enriqueciendo el imaginario creativo de la humanidad, aunque solo seamos los desconocidos de siempre.

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