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La Propiedad intelectual, clave del desarrollo

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Los productos de la mente transitan físicamente sin pausa, y a través de las fronteras, se han transformado en artículos cotidianos del comercio. Casi no existe en los organismos internacionales, agenda multilateral o bilateral alguna, en la cuál no figure la cuestión. La conclusión del Acuerdo sobre aspectos de los derechos de propiedad intelectual, relacionados con el comercio, conocido como T.R.I.P. (Intellectual Property Rights on International Trade) en el marco de la negociaciones de la Rueda Uruguaya del G.A.T.T. (General  Agreement on Tariffs and Trade) consiste en un evidente ejemplo de lo enunciado.

La armonización de normas en la materia ya había estado presente, en los bloques regionales, en la Unión Europea, el Pacto Andino, y el NAFTA, estando en la orientación que deben adoptar los países del MERCOSUR.

Se advierte el papel fundamental que el ingenio humano y los productos de la mente desempeñan en las economías emergentes. Constituye una misión ineludible, la creación de normas que brinden un clima favorable a la atracción de inversiones en la industria cultural, asegurando en este sentido, un sólido nivel de protección a los derechos de propiedad intelectual.

La integración del derecho de autor, con la propiedad industrial en el campo doctrinal y profesional, bajo la denominación de derechos de propiedad intelectual, hace referencia a un amplio catalogo de derechos de distinta naturaleza, que se originan en el acto de creación intelectual, y deben ser reconocidos para estimular y recompensar esa creación. En el plano de la protección internacional, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), creada en 1970, se convirtió en un organismo especializado de las Naciones Unidas en 1974. Sin embargo su origen se remonta a los años 1883 y 1886, cuando se adoptaron el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial, y el convenio de Berna, para la protección de las obras literarias y artísticas respectivamente; ambos tratados estipulaban la creación de secretarías, que fueron unificadas en 1893 y con los años llegaron a convertirse en la OMPI.

La propiedad intelectual significa “la propiedad de las creaciones en particular. Las invenciones tecnológicas, y las obras literarias y artísticas. Propiedad significa que las invenciones protegidas y las obras literarias son objeto de protección. Mediante el derecho de autor, sólo pueden ser utilizadas con el consentimiento del inventor, del autor u otro titular de los derechos”.

El derecho de autor -también denominado derecho de los creadores- marca una vinculación estrecha entre la persona que ha alumbrado la obra y el producto obtenido, de manera que tanto las personas físicas, como las jurídicas, pueden ser sujetos de creación.

La evolución de esta problemática  a fines del último siglo se ha acentuado; la adhesión a la inclusión de los derechos de autor como integrantes de los derechos humanos, adscribiendo la creación intelectual en una vinculación directa con la persona en su capacidad inventiva y laboral. Esta posición se adopta frente al avance de las nuevas tecnologías en comunicaciones. Los productos tecnológicos, como todos los derivados de la informática, los CD, videos, disco-laser, fibra óptica aplicada a las comunicaciones, dan cambios profundos en la mentalidad social.

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