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CITAS

       Con el fin de fomentar la lectura de los clásicos, "El Literato" presenta aquí una sección de fragmentos de Literatura y Filosofía Universal, un pequeño espacio donde podremos leer –y releer- algunos segmentos significativos de algunas de las obras de los más grandes escritores de la historia mundial, todos grandes espíritus que supieron plasmar en sus obras el espíritu de una época, las esperanzas y angustias de sus generaciones y de las que los siguieron. Aquí los recuperamos a través de estos breves fragmentos donde el genio se hace patente. Leer a los clásicos es una tarea imprescindible para aquel que aspira a sumergirse de lleno en el mundo de las letras, pues por algo son clásicos, por algo han trascendido sus épocas, imprimiendo su sello en el alma colectiva de la humanidad.

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     Para vivir hay que ser un animal o un dios –dice Aristóteles-. Falta el tercer caso: hay que ser ambas cosas; esto es, un "filósofo"...

Friedrich Nietzsche

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       Este es un pequeño trozo del "Fausto" de Goethe, ese genio del romanticismo alemán que supo encontrar la síntesis perfecta entre el movimiento cultural de su época y el clasicismo, en esta obra que ha subyugado a generaciones y que representa uno de los más grandes logros de la creatividad humana. En palabras del propio Fausto, una descripción de los aspectos más angustiantes e insípidos de la existencia humana:

        Con espanto me despierto por la mañana. Quisiera llorar lágrimas amargas al ver el día, que en su curso no saciará uno sólo de mis anhelos, ni uno tan siquiera; que con porfiada crítica quisquillosa amengua hasta el gusto anticipado de todo placer; que contraria las creaciones de mi agitado pecho con las mil bagatelas de la vida. Y luego, cuando desciende la noche, debo tenderme intranquilo en el lecho, y ni aún allí encuentro reposo alguno, pues fieros ensueños vendrán a llenarme de sobresalto. El dios que reside en mi pecho puede agitar profundamente lo más íntimo de mi ser, pero él, que impera sobre todas mis facultades, nada puede mover por fuera, de suerte que la existencia es para mí una penosa carga; ansío la muerte y detesto la vida.

Johann Wolfgang von Goethe,

"Fausto", Gabinete de Estudio, Primera Parte, p. 148 (traducción de José Roviralta, en "Clásicos de la Literatura Universal", Nº 10, Altaya, Barcelona, 1994)

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       No existe más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.

Albert Camus

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       El que quiera escribir en estilo bien claro, debe primero ver claro en su alma; que tenga un carácter admirable quien quiera escribir en estilo admirable.

Johann Wolfgang von Goethe

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       He aquí el que sin duda sea el fragmento más celebre de la prosa inglesa, si no de la literatura universal. Shakespeare, ese autor tan profundo que regalo al mundo algunas de las mejores obras teatrales de todos los tiempos, presenta aquí a Hamlet, el príncipe trágico cuyo padre ha sido asesinado, y que –habiéndole sido revelado este asesinato por el espectro de la propia víctima- se dispone a tomarse venganza contra su propio tío y su madre, quienes han urdido, en la penumbra, tan espantoso crimen.

       En este pasaje, Hamlet entra a una sala del castillo. En ella se encuentra Ofelia, hija de Polonio, el Gran Chambelán, pero el príncipe no advierte su presencia aún. Entonces, habla para si mismo en tono trágico, comenzando por el planteo mismo de la propia existencia. El pasaje condensa toda una concepción sobre la vida y la muerte, el misterio del ser y el por qué del sufrimiento, todo expresado en el más brillante de los estilos, aquel que verdaderamente ha hecho del dramaturgo inglés uno de los genios más indiscutidos que ha dado la Humanidad en el campo de las letras y las humanidades.

       Ser, o no ser: ésta es la cuestión: si es más noble sufrir en el ánimo los tiros y flechazos de la insultante Fortuna, o alzarse en armas contra un mar de agitaciones, y, enfrentándose con ellas, acabarlas: morir, dormir, nada más, y, con un sueño, decir que acabamos el sufrimiento del corazón y los mil golpes naturales que son herencia de la carne. Ésa es una consumación piadosamente deseable: morir, dormir; dormir, quizá soñar: sí, ahí está el tropiezo, pues tiene que preocuparnos qué sueños podrán llegar en ese sueño de muerte, cuando nos hayamos desenredado de este embrollo mortal. Ésa es la consideración que da tan larga vida a la calamidad: pues ¿quién soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, el agravio del opresor, la burla del orgulloso, los espasmos del amor despreciado, la tardanza de la justicia, la insolencia de los que mandan, y las patadas que recibe de los indignos el mérito paciente, si él mismo pudiera extender su documento libertario con un simple puñal? ¿Quién aguantaría cargas, gruñendo y su-dando bajo una vida fatigosa, si no temiera algo después de la muerte, el país sin descubrir, de cuyos confines no vuelve ningún viajero, que desconcierta la voluntad, y nos hace soportar los males que tenemos mejor que volar a otros de que no sabemos? Así, la conciencia nos hace cobardes a todos, y el colorido natural de la resolución queda debilitado por la pálida cobertura de la preocupación, y las empresas de gran profundidad y empuje desvían sus corrientes con esta consideración y pierden el nombre de acción...

William Shakespeare,

"Hamlet", Acto Tercero, Escena Primera, p. 43 (traducción de José María Valverde, en "Tragedias", colección "Historia de la Literatura", Nº 3, RBA Editores, Barcelona, 1994)

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Si el lector y el autor no se comprenden muchas veces, es porque el autor conoce demasiado bien su tema y lo encuentra casi fastidioso, de modo que prescinde de los ejemplos, que conoce a millares; pero el lector es extraño al asunto y lo encuentra con suma facilidad mal justificado si se le suprimen los ejemplos.

Friedrich Nietzsche

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            La vida es breve, pero la verdad va lejos y vive largo tiempo; hablemos, pues, de la verdad.

Arthur Schopenhauer

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            El que ha escrito alguna vez y siente en sí la pasión de escribir, no aprende casi nada de todo lo que hace y no vive más que lo que es literariamente comunicable. Ya no piensa en él, sino en el escritor y en su público; desea la comprensión, pero no para su propio uso.  

Friedrich Nietzsche

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           Empiezo a comprender la razón de ser de la semana; seguro que es para descansar del aburrimiento del domingo.

Mark Twain

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           La lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada en la que no nos descubren sino lo más selecto de sus pensamientos.

René Descartes

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            Hay escritores que, por representar lo imposible como posible y hablar de lo que es moral y genial como si lo uno y lo otro no fuesen más que una fantasía, un capricho, provocan un sentimiento de libertad jubilosa, como si el hombre se apoyase sobre la punta de sus pies y, en virtud de una alegría interior, se viese necesariamente obligado a bailar.

Friedrich Nietzsche

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Si hay algo que termine la creación, no es el grito victorioso e ilusorio del artista ciego: “Lo he dicho todo”, sino la muerte del creador, que cierra su experiencia y le libra de su genio.

Albert Camus

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El poeta conduce triunfalmente sus ideas en el carro del ritmo: ordinariamente, porque éstas no son capaces de ir a pie.

Friedrich Nietzsche

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(...) ¿Quién puede nombrarlo? ¿Y quién puede confesar: “Creo en Él”? ¿Quién, siendo capaz de sentir, puede atreverse a exclamar: “No creo en Él”? Aquel que todo lo abarca, Aquel que todo lo sostiene, ¿no abarca, no te sostiene a tí, a mí, a Él mismo? ¿No se extiende el cielo formando bóveda allá en lo alto? ¿No está la tierra firme bajo nuestros pies? ¿No se elevan las eternas estrellas mirando con amor? ¿No te contemplo yo clavando mis ojos en los tuyos? Y todo cuanto existe, ¿no impresiona tu cabeza y tu corazón y se agita visible e invisible cerca de tí en un eterno misterio? Por grande que sea, llena de esto tu corazón, y cuando, penetrada de tal sentimiento, seas feliz, nómbralo entonces como quieras, llámale Felicidad, Corazón, Amor, Dios. Para ello no tengo nombre; el sentimiento es todo. El nombre no es más que ruido y humo que ofusca el lumbre del cielo.  

Johann Wolfgang von Goethe,

"Fausto", El Jardín de Marta, Primera Parte, (traducción de José Roviralta, en "Clásicos de la Literatura Universal", Nº 10, Altaya, Barcelona, 1994).

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          Transcribimos a continuación los versos de la “Divina Comedia” en los que Dante, acompañado por Virgilio en el Infierno, narra su encuentro con los indiferentes, aquellos que no toman partido por causa justa alguna en la vida. Entre ellos se encuentran los ángeles que permanecieron neutrales en la rebelión de Lucifer. La escena es desgarradora, como tantas otras que le dieran fama a esta obra cumbre de las letras italianas:

Allí suspiros, llantos y altos ayes

resonaban al aire sin estrellas,

y yo me eché a llorar al escucharlo.

 

Diversas lenguas, hórridas blasfemias,

palabras de dolor, acentos de ira,

roncos gritos al son de manotazos,

 

un tumulto formaban, el cual gira

siempre en el aire eternamente oscuro,

como arena al soplar el torbellino.

Dante Alighieri,

"Divina Comedia", Infierno, Canto III, 22-30 ( en "Clásicos de la Literatura Universal", Nº 19, Altaya, Barcelona, 1994)

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Por qué el metro poético proporciona belleza.-  El metro pone un crespón sobre la realidad; da lugar a cierto artificio del lenguaje, a cierta indecisión de pensamiento; por la sombra que arroja sobre las ideas, tan pronto las oculta como las hace resaltar. Del mismo modo que la sombra es necesaria para embellecer, así también lo “sombrío” es necesario para esclarecer. El arte hace soportable el aspecto de la vida al colocarle encima el crespón del pensamiento indeciso.

Friedrich Nietzsche

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Es preferible el escritor que escribe como quizá se pondrá de moda, que el que escribe de acuerdo con la moda.

Georg C. Lichtenberg

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Cada uno tiene un talento innato; pero sólo a un pequeño número le es dado por naturaleza y educación el grado de constancia, de paciencia y de energía necesario para llegar a ser un verdadero talento, y, por consiguiente, para que llegue a ser lo que es, es decir: el dispendio en obras y en actos.

Friedrich Nietzsche

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El pensador, y lo mismo el artista, que ha asegurado lo mejor de sí mismo en sus obras, siente una alegría casi maligna cuando ve cómo su cuerpo y su espíritu son quebrantados y destruidos lentamente por la acción del tiempo, como si desde un rincón viese a un ladrón forzar su caja de caudales, sabiendo él, que está vacía y que todos sus tesoros están a salvo.

Friedrich Nietzsche

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En ningún caso hay excusa para ser malo, pero tiene cierto mérito saber que se es malo; y el más irreparable de los vicios consiste en hacer el mal por necedad.

Charles Baudelaire

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Un alma delicada se siente molesta al saber que se le debe agradecimiento; un alma, grosera al saber que debe agradecimiento.

Friedrich Nietzsche

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La humanidad de las celebridades de la inteligencia consiste, en las relaciones con gentes no famosas, en equivocarse de manera obsequiosa.

Friedrich Nietzsche

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Un buen escritor no cuenta tan sólo con su propio espíritu, sino también con el espíritu de sus amigos.

Friedrich Nietzsche

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